Aventuras ochenteras con esteroides

Super 8 es el nuevo hit del verano. No me refiero al dulce (porque ya no es un hit) si no a la última película de J. J. Abrams. Y es que este último, a pesar de no ser de mi gusto televisivo, si encuentro que tiene buen “timing” en dos horas, como se lo permite en el cine. Super 8 es prueba de ello.

Pero el rey del cotejo no es Abrams, a pesar de que escribe y dirige la cinta. La estrella es el productor Steven Spielberg. ¿Por qué? Parece que la relación entre ambos directores se limitó a que Spielberg le hubiera dicho a Abrams: “te doy el dinero, pero haces una de mis películas, no… Mejor aún… Haces un homenaje de mis creaciones de los años ochenta, pero con tu magia del 2011“.

¿Es esto algo malo? No. ¿Funciono? De manera genial. Y es que Super 8 tiene mucho de ese cine de los ochenta que Spielberg marco con películas como E.T. o Encuentros Cercanos. La trama gira en un grupo de niños (vieran si no) que están haciendo una película casera acerca de zombies. De hecho el director de la película, es un niño inadaptado con apellido judío y muy mandón, lo que vendría siendo la primera referencia a Spielberg. Y es que Spielberg era el típico adolescente judío suburbano que a los 12 años filmó su primer western (“El último pistolero“) en una cámara Super 8.

Al niño director se le rompe la cámara al momento de filmar una escena, todo por culpa de un accidente ferroviario que los niños no pidieron pero que ocurrió de todas formas. A partir de este punto, todo se vuelve un calco de las películas de Spielberg. Para los que no están acostumbrados a ese cine extraordinariamente aventuresco que Spielberg llevo tan bien en el siglo pasado (como director o productor), la trama se vuelve en un “pueblo chico, sucesos extraordinarios” (ver la mencionada E.T., Poltergeist o Gremlins).

Un montón de sucesos extraños comienzan a pasar: desapariciones de perros, robos de cables eléctricos, la llegada del ejército y la desaparición de personas. Y por supuestos los niños en medio. Esta es quizás la mejor pega que hizo Abrams: mezclar el desconcierto absoluto (típico en su serie Lost) con las relaciones personales entre sus protagonistas, que aun siendo niños, pueden generar relaciones más densas que los adultos.

Así es como la aventura se llena de humor, drama, terror, misterio y acción. Y es que a pesar de que la película es muy similar a otras ya vista, el tiempo está a su favor. El cine USA se ha volcado a adaptaciones (sea de libros o comics) o a remakes, donde estos últimos no están a la altura del original, pero Super 8 se va por un línea de homenaje a un cine del que hace rato ya no sabíamos nada.

Super 8 es un homenaje a ese cine de aventuras, misterio, amistad, acción y un poco de romance. Ese cine que no se veía desde Los Goonnies (y que la cinta homenajea hasta en su cartel promocional)  y que yo en lo personal extrañaba bastante. Buen por el señor Spielberg, que a pesar de tener el ego del porte del Titanic, ha sabido hacerse a un lado para que Abrams  escriba y dirija su historia. Lejos Super 8 es la aventura del año. Se los digo cámara en mano.

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